capítulo XII

Escrito por Leeisabeel 03-08-2014 en capítulo XII. Comentarios (0)

2 años y 1 mes atrás.

-¿Quieres un helado de chocolate? Yo invito.

-No hace falta que invites Adam, pero te acepto la idea del helado.

Ambos chicos caminan despacio, uno al lado del otro sin decir ni una sola palabra. El asesinato del padre de Ale está muy reciente y todo el mundo comenta sobre ello. Vaya donde vaya, las miradas y los murmuros la persiguen.

Llegan a la heladería del centro y se ponen tras el mostrador de los helados. Hay de muchos sabores, pero el favorito de Ale es el de chocolate.

-Una tarrina mediana de chocolate y un cucurucho de fresa con virutas de colores, por favor.-Dice Adam al hombre joven que les está atendiendo y sin dirigir palabra obedece.

Ale tiene la mirada perdida entre todos los helados y Adam se da cuenta. Han quedado todos los días desde lo ocurrido y ha intentado no dejarla sola en ningún momento, ni hablar del tema a no ser que ella lo necesitara, pero no sabe qué más hacer para que esté un poco mejor. Es muy duro todo lo que ha pasado y más aún cuando ella se cierra en sí misma y no deja que la ayuden.

Los helados ya están listos y encima del mostrador. Adam paga y cada uno coge el suyo. Salen del local mientras comen en silencio y caminan por el paseo marítimo. Hace un día bastante bueno.

-¿Está bueno?-Dice el chico mientras mira a Ale

-Sí, mucho.-Intenta dedicarle una pequeña sonrisa aunque no sea verdadera.

Adam se para en seco y ella lo mira con sorpresa.

-Creo que debemos de hablar de todo lo ocurrido. He querido darte tiempo y espacio, pero quiero estar contigo y ayudarte en todo lo que pueda. No puedes ponérmelo tan difícil, me siento un inútil.

Ale lo mira con ternura. Sus palabras le gustan y es verdad que ella no ha estado a la altura de las circunstancias.

-Lo siento mucho. Sé que no te he hecho mucho caso estos meses, pero la policía pretende cerrar el caso y no hay una respuesta a todo lo ocurrido. Siento que la muerte de mi padre no va a tener solución ni castigo y eso me enfurece y entristece a la vez.

Adam la abraza fuerte y sus ojos se llenan de lágrimas. La conoce desde siempre. Ambos nacieron el mismo año, sus familias son amigas y han estado juntos desde que tiene memoria. Lo que empezó como una amistad se convirtió en una relación. Le gusta todo de ella, desde sus tantas manías hasta ese lunar que tiene en el hombro. No puede verla mal, eso le destruye por dentro.

-Prométeme, que siempre contarás conmigo. Que seré tu gran apoyo.

-Te lo prometo Adam.

Las promesas son fáciles de hacer, lo que en realidad tienen de difícil es que tienen que cumplirse, y Ale falló en esa promesa.