Blog de Leeisabeel

amor

Capítulo IV

Escrito por Leeisabeel 31-07-2014 en amor. Comentarios (0)

Se incorpora de inmediato y el corazón le va mil por hora. No está preparada para éste momento. No quería encontrarse con nadie, no aún. Ale se gira.

-Oh… Buenos días señora Stevens.

Ale se intenta levantar, pero la señora Stevens la abraza antes de que pueda mantener bien el equilibrio y se balancea un poco perdiendo el control. Es la madre de Katherine. Una mujer rubia con el pelo por los hombros, está ligeramente bronceada y lleva ropa deportiva. Siempre le ha parecido muy guapa, y sus ojos verdes agua le fascinan.

-No estaba segura de que eras tú, has cambiado muchísimo. ¡Que alegría! ¿Pero dónde te has metido todo este tiempo?- Le dice sin dejar de abrazarla tan fuerte que casi la ahoga.

-Bueno… Tras la muerte de mi padre, mi madre y yo decidimos marcharnos por un tiempo. Ya sabe lo delicada que estaba mi madre… y las críticas y los murmullos sobre el asesinato no le servían de ayuda.

La señora Stevens la deja de abrazar, aunque sigue sujetándole las manos. No deja de mirarla a los ojos y eso la pone nerviosa. Sabe que siente pena por ella y eso no le gusta. No quiere tratos especiales por todo lo que sucedió, solo quiere ser normal.

-Lo entiendo querida… ¿Y tu madre? ¿Cómo sigue?

-Bien. Bueno, intenta estar bien. Sigue con depresión, pero ha encontrado un trabajo estupendo y eso la obliga a levantarse cada día de la cama.

-Me alegro muchísimo porque se lo merece. Después de lo de tu padre… Si te soy sincera, creía que no levantaría cabeza.

-Ya…- Dice Ale bajando la mirada

-Y bueno, ¿Dónde está? ¿Habéis vuelto a vuestra casa?

-No, la verdad es que he vuelto yo sola de visita. Mi madre no pudo venir.

La señora Stevens pone cara de decepción. Era su mejor amiga y cuando pasó todo lo de su padre intentó estar allí, pero no supo manejar la situación.

-¿Y a ti? ¿Cómo te ha ido todo?

-No puedo quejarme. Terminé bachillerato y ahora estoy en la univ…

De repente el móvil de la señora Stevens empieza a sonar y haciendo una mueca de disculpa, se aleja un poco y lo coge. Le ha alegrado verla y por un lado siente alivio de que no fuera alguna de sus amigas o Adam, pero por otro lado… Le hubiera encantado poder abrazarlas y dejar de estar nerviosa por el momento en que se van a encontrar.

-Oh disculpa, era de trabajo y debo de irme, mi paseo ya se ha alargado demasiado- Dice entre una sonrisa poco profunda.

-Si, no se preocupe.

La abraza, pero esta vez más suave.

-Katherine se alegrará mucho de saber que has vuelto. Te ha echado mucho de menos.

-Y yo a ella señora Stevens.

-El sábado hay una fiesta en el local de Peter, ahora está justo en el paseo marítimo, al lado del peñón. Va a ir mucha gente y seguro que Katherine asistirá. ¿Por qué no vas y le das una sorpresa? Le va a encantar.

-Bueno, tengo que pensármelo. Todavía no me he instalado del todo y tengo muchas cosas que hacer.

La señora Stevens le dedica una última sonrisa y le da un beso en la mejilla. Se aleja poco a poco, pero de repente se gira.

-Ale, si hablas con tu madre… Por favor dile que lo siento por todo. No quise hacerle daño.

-Se lo diré señora Stevens.

Y con ésta última frase y los recuerdos de todo el pasado doloroso volviendo, se despiden.


Capítulo III

Escrito por Leeisabeel 31-07-2014 en amor. Comentarios (0)

-Buenos días Ale, ¿cómo has dormido?-Dice su tío levantando la vista del periódico. Su tía Alice está sentada a la derecha, mirándola con una sonrisa.

Ale entra en la cocina. El café de por la mañana huele fantástico y además, hay totitas para desayunar.

-Muy bien tío, muchas gracias.- Dice mientras se sienta a la mesa.

La verdad es que no ha dormido muy bien. Millones de pensamientos le rondaban en la mente y todos los recuerdos no la dejaban dormir. ¿Cómo reaccionarían todos sus amigos al verla de nuevo? Llevaba 2 años sin verlos y sin saber nada de ellos. Y sin dudar, su ida repentina de la ciudad no la ayudaba a encontrarse mejor. Ni siquiera se lo había dicho a Adam. No sabía cómo se tomaría la decisión de irse, ni si quería seguir manteniendo la relación a distancia. No. No podía poner ese tipo de excusas. La mejor solución era irse de la ciudad y no tener contacto con nadie. ¿No era rehacer su vida? Pues tendría que empezarla de nuevo, aunque no lo consiguió.

-¿Y qué vas a hacer hoy? ¿Vas a ir a ver a Katherine?

Otra persona más se suma a la lista de los “no avisados de su partida”. Y pensar en los muchos años de amistad y como tampoco pudo despedirse, se le rompe el corazón.

-Sí, quizás la vea. Lo que he pensado es en ir a la playa. Se nota que Julio está a solo unos días y quiero darme mi primer baño.

Ale se levanta de la mesa con el último pedazo de tortita en la boca. Limpia su plato y mira por la ventana. “Sí, quizás la vea”. Y vuelve a estremecerse. Sale directa para el recibidor. Su libro y su libreta nunca le faltan.

En la calle hace una buena temperatura y el sol brilla. Le encantan esos días, aunque no puede negar que sus días favoritos son los lluviosos y fríos porque le recordaban a las historias que le contaba su padre de miedo y además, eran los mejores días para escribir y pensar.

La playa está a unos pocos metros y llega en seguida. No hay mucha gente y se alegra. Extiende su toalla cerca de la orilla y se sienta en ella. Echaba mucho de menos todo esto y respirar el aire limpio y fresco. Abre su libro y se deja caer hacia atrás. Se mete rápidamente en la historia que trata sobre un policía que intenta descubrir una banda de narcotráfico muy peligrosa. Desde hacía 2 años, las historias de policías le fascinaban.

Y de repente, cuando más inmersa estaba en la historia…

-¿Ale? ¿Eres tú?


Capítulo II

Escrito por Leeisabeel 30-07-2014 en amor. Comentarios (0)

Actualmente.

-¿Te alegras de volver?

-Sí tía Alice, aunque todo está muy cambiado.

Mira a su alrededor. La casa de sus tíos siempre le ha gustado mucho. Está decorada con muebles muy antiguos y el suelo de madera le da un toque especial. A su tía siempre le ha gustado mucho la pintura y la fotografía, por eso en toda su casa tiene cuadros y fotos. Ale mira las de una estantería. Sale en una de ellas. Está con su padre en el río pescando y con una gran sonrisa. ¿Cuántos años tendría? ¿Seis? o ¿siete? Le echa de menos. Como le gustaría contarle todo lo que ha pasado en estos dos últimos años y las ganas que tenía de volver. Le encanta esta ciudad.

-¿Y tu madre cómo se encuentra?

-Bien. Intentando centrarse en su trabajo y haciendo muchos proyectos. Espero que decida volver pronto.

Ale y su tía se sientan en el sofá del salón. Hacía mucho tiempo que no se veían y sabía que le preguntaría muchas cosas, pero hoy no era su día. Acababa de volver y aunque le apetecía mucho ir a ver a sus amigos, también le daba miedo. No sabía cómo iban a reaccionar, ni si le perdonarían el irse sin despedirse y además sin avisar. Desde la muerte de su padre ha intentado evitar hablar de él. Su madre apenas estaba en casa y cuando coincidían las dos, apenas hablaban.

En su nueva ciudad nadie la conocía y eso le gustaba. Tenía la sensación de que podía ser cualquier persona y olvidar todo lo que había pasado. Al principio fue bien, eso no podía negarlo, pero no podía evitar echar de menos todo y sobre todo, quería respuestas. No había olvidado aquél día, ni siquiera toda la investigación. Había sido muy duro. Durante estos dos años tenía la sensación de que algo se le pasaba, de que habría alguna prueba con la que se pudiera reabrir el caso de su padre. Sabía que a más de 600 kilómetros no la encontraría y también sabía que su casa le daría una respuesta.

-¿Y tú? ¿Cómo estás?- Su tía le interrumpe los pensamientos.

-No es que esté bien del todo, pero he aprendido a sobrevivir con ello. Perdona tía, estoy algo cansada del viaje. ¿Te importa si me acuesto un poco hasta la cena?- La verdad que no estaba cansada, pero sabía que no sería capaz de soportar todas las preguntas que le iba a hacer.

-Claro cielo, estás en tu casa. Te he preparado el cuarto de invitados de arriba. Tu tío y yo dormimos aquí abajo asique tienes toda la planta de arriba a tu disposición. El cuarto de baño está…

-A la derecha tía Alice, no lo he olvidado. Muchas gracias por acogerme.- Le da un beso y le dedica una sonrisa.

Se dirige a la planta de arriba con su maleta y su mochila. Entra al dormitorio. Le encantaba de pequeña ese cuarto. Aunque es pequeño, tiene un sofá al lado de un gran ventanal, justo en frente de la puerta. A la derecha, se encuentra una cama con una colcha de pequeñas flores y a su lado una mesita de noche con una foto. Se acerca para verla. Son sus padres cuando eran jóvenes. Su madre lleva un vestido largo blanco con unas sandalias y el pelo suelto, su padre más informal, camiseta y pantalones pesqueros con unas deportivas. Se ven realmente felices y eso hace que el corazón le de un vuelco. Ya nunca volverán a estar así y quiere saber quién fue capaz de arrebatar su felicidad y la de sus padres.


Capítulo I

Escrito por Leeisabeel 30-07-2014 en amor. Comentarios (0)

Dos años atrás.

El coche ya está en la puerta. Echa un último vistazo por la ventana de lo que queda de su dormitorio. Han sido cuatro meses bastantes duros y sabe que lo que ahora le duele, en un futuro será algo satisfactorio. Coge la mochila y se la cuelga en el hombro derecho mientras con la mano izquierda coge el portátil. Está lista para marcharse y sin mirar hacia atrás. “Sí, es lo mejor” no para de repetir su cabeza una y otra vez. Baja las escaleras y los recuerdos se apoderan de su mente. Y como no, todos buenos.

-Ale, deprisa. El coche ya está a punto de salir. ¿Tienes todo lo que necesitas?

-Sí mamá.

Una vez más, la realidad le da de bruces. Ya no está y nunca estará. Y todos los momentos recordados ya no se volverán a vivir. “Sí, es lo mejor” se vuelve a repetir.

Sale de casa y segundos más tarde se monta en el coche, en el asiento de copiloto al lado de su madre. Se gira y la ve. Su rostro es triste y las ojeras le revelan todo lo que ha llorado y sufrido en todo este tiempo.

-¿Estás segura, Ale? Sabes que no podemos volver más. Esto es un punto y final.

-Lo sé, pero tenemos que rehacer nuestras vidas mamá. Y aquí es imposible. Todo me recuerda a él.

Su madre se acerca y le da un beso en la mejilla, luego la mira y sonríe. Aunque su sonrisa sabe que no es verdadera, agradece el esfuerzo que hace por ella. El asesinato de su padre es algo que debe de superar, o mejor dicho, asimilar. No hay pruebas, no hay sospechosos, no hay nada para resolver el crimen. Lo que Alexandra no sabe es que esto no es un punto y final, es un “continuará…”