Blog de Leeisabeel

adolescente

Capítulo IX

Escrito por Leeisabeel 01-08-2014 en amor. Comentarios (0)

En la actualidad.

Han pasado dos días y no ha vuelto a recibir ningún correo. Los nervios pueden con ella. No come nada y apenas duerme. La foto de su padre siempre está en sus manos y ha mirado con lupa cada detalle y apuntándolo en la libreta. No se ve el cuerpo entero, solo hasta las rodillas. No lo entiende. ¿Quién es capaz de hacer una cosa así y por qué? Necesita salir y tomar el aire, no puede seguir encerrada en su dormitorio más.

Coge las llaves y unas cuantas monedas que están encima de la mesa y sale. El aire fresco de la calle le ayudará a despejar la mente.

Camina por el paseo marítimo, son las siete de la tarde y la gente ya está recogiendo, aunque sigue haciendo sol. Hay muchas olas y bandera amarilla. De pequeña le gustaba meterse de cabeza entre ellas y dejarse llevar, claro que su padre siempre se encontraba al lado para salvarla. Y los pensamientos le llegan a la mente cuando de repente ve una cara conocida.

-¿Tom? ¿Eres tú?- Dice la chica a un joven que pasa por su lado que está pendiente del móvil

-¿Ale? ¡Oh dios mío cuánto tiempo!- Y la abraza fuerte- Te he echado mucho de menos. ¿Cómo estás?

-Bien, gracias.-Ale se aparta y lo mira- Y pensar que yo era más alta que tú, mírate, me sacas más de una cabeza.

El chico se ríe y no para de mirarla. Es uno de los que más le ha echado de menos, incluso más que Adam o Katherine. Le debe todo a ella

-Y bueno qué es de ti, ¿qué haces?

-Estoy en la universidad haciendo tercero de ingeniería informática y no me va nada mal, ya sabes que es lo que me gusta.

-Me alegro mucho por ti, de verdad

-Y bueno, ¿Cuándo has vuelto?

-Vine hace unos días a visitar a mis tíos, mi madre no pudo venir, ya sabes todo lo que pasó. No habla del tema ni de mi padre, y mucho menos de volver.

-¿Quieres dar un paseo y me cuentas todo? Voy hacia el cruce de la Avenida 3, y puedes ir contándome todo.- Ale duda un momento.

-Venga sí, ¿Por qué no?

Y los dos se ponen en marcha. Eran muy buenos amigos y ahora parecía que el tiempo no había pasado entre ellos. Risas, muestras de cariño, bromas… Todo seguía igual que antes y eso Ale lo agradecía.

Llegan a la Avenida 3. El camino se ha hecho muy corto para ambos y todavía tienen la sensación de que les falta mucho por contarse.

-Bueno, tengo que irme, ya sabes como se pone mi padre si le hago mucho esperar.- Tom hace una mueca a un hombre que está dentro de un coche aparcado en la acera de enfrente.-- ¿Te veré ésta noche? Hay una fiesta en el local de Peter y…

-Sí, ya me han contado. Pues no tenía mucho pensamiento de ir.

-Venga, será divertido. No tenía tampoco ganas de ir, pero podemos ir juntos y terminar la conversación. ¿Qué te parece?

-Pues yo…

-Ni una palabra más Ale, a las 21.30 te recojo en la puerta de tu casa.

Y se despide rápido con un beso en la mejilla. Y pensar en el chico tímido que era antes y poco hablador. Le hace gracia pensar en lo mucho que ha cambiado. Lo que no sabe es que esa noche se van a descubrir muchas cosas y no agradables.


Capítulo VIII

Escrito por Leeisabeel 01-08-2014 en amor. Comentarios (0)

Lleva mucho sin estar solo en casa. Se sienta en el sofá y empieza a pensar qué puede hacer para matar el tiempo. ¿Ver una película? ¿Leer un libro? La última opción es la que más le gusta. Se levanta del sofá y va hacia la librería que hay detrás. No fue tan mal idea ponerla aquí. Le encanta el toque que le da al salón. Empieza a leer los títulos despacio. De pronto llaman a la puerta. James se dirige a abrir y ahí está.

-¿Pero qué haces aquí?

-Me enteré de que tu mujer salía y decidí venir hacia aquí. ¿Puedo acompañarte a cenar?

-Mira… No creo que sea buena idea, en serio… Esto se acabó hace mucho, no puedes venir aquí cada vez que quieras.

-Por favor, no vengo de malas, solo quiero acompañarte un rato y volveré a casa.

James duda. No está seguro de lo que hace. Desde hace tiempo no quiere seguir con esa historia y ya está rozando el límite del acoso. Lo sabe todo de él; el horario de la oficina, qué plan tiene… Incluso todos los días le manda como mínimo 8 notas con flores para que sigan con sus encuentros.

-No, lo siento. Vete a casa, es lo mejor. No quiero seguir contigo, ya te lo dije. Quiero a Mariand y quiero a Ale, no está bien esto.

-Sí, claro…

Y ahí se quedan ambos durante unos segundos.

-Te quiero, ¿Lo sabes?

-Yo a ti ya no, fue pasajero, debes de superarlo.

Y con estas palabras se da media vuelta y se aleja con un único pensamiento “se arrepentirá, claro que lo hará.”


Capítulo VII

Escrito por Leeisabeel 01-08-2014 en amor. Comentarios (0)

2 años, 4 meses y unos días atrás.

-Ale volverá a las 23.30 y la va a acompañar Adam. Me ha dicho que estaban cenando y que no se retrasaría, pero si lo hace, llámala. –La madre de Ale termina de pintarse los labios en el espejo del pasillo y se mira. Esa noche se ha intentado arreglar, aunque no en exceso. Le gusta lo sencillo. Hacía mucho que no salía de fiesta con sus amigas e iba a pasar el fin de semana fuera de la ciudad.

-Mariand no te preocupes, me has dicho eso como quince veces. Vete tranquila.- Y mientras le dice esto le dedica una sonrisa.

-Y tú tienes la cena en el microondas. Te he hecho canelones.

Echa un último vistazo para comprobar que no le falta nada y coge la pequeña maleta de mano que se ha preparado. Afuera un coche pita.

-Ya están ahí. Tengo que irme rápido. Si pasa algo no dudes en llamadme.

-Está bien, pero pásalo bien y no te preocupes. Te quiero Mariand.

-Te quiero James.

Y con esa última frase Mariand se aleja de la casa y se mete en el coche. Lo que no sabe es que no va a ser la última frase que le dedique su marido esa noche, si no que ya nunca más la escuchará.


Capítulo IV

Escrito por Leeisabeel 31-07-2014 en amor. Comentarios (0)

Se incorpora de inmediato y el corazón le va mil por hora. No está preparada para éste momento. No quería encontrarse con nadie, no aún. Ale se gira.

-Oh… Buenos días señora Stevens.

Ale se intenta levantar, pero la señora Stevens la abraza antes de que pueda mantener bien el equilibrio y se balancea un poco perdiendo el control. Es la madre de Katherine. Una mujer rubia con el pelo por los hombros, está ligeramente bronceada y lleva ropa deportiva. Siempre le ha parecido muy guapa, y sus ojos verdes agua le fascinan.

-No estaba segura de que eras tú, has cambiado muchísimo. ¡Que alegría! ¿Pero dónde te has metido todo este tiempo?- Le dice sin dejar de abrazarla tan fuerte que casi la ahoga.

-Bueno… Tras la muerte de mi padre, mi madre y yo decidimos marcharnos por un tiempo. Ya sabe lo delicada que estaba mi madre… y las críticas y los murmullos sobre el asesinato no le servían de ayuda.

La señora Stevens la deja de abrazar, aunque sigue sujetándole las manos. No deja de mirarla a los ojos y eso la pone nerviosa. Sabe que siente pena por ella y eso no le gusta. No quiere tratos especiales por todo lo que sucedió, solo quiere ser normal.

-Lo entiendo querida… ¿Y tu madre? ¿Cómo sigue?

-Bien. Bueno, intenta estar bien. Sigue con depresión, pero ha encontrado un trabajo estupendo y eso la obliga a levantarse cada día de la cama.

-Me alegro muchísimo porque se lo merece. Después de lo de tu padre… Si te soy sincera, creía que no levantaría cabeza.

-Ya…- Dice Ale bajando la mirada

-Y bueno, ¿Dónde está? ¿Habéis vuelto a vuestra casa?

-No, la verdad es que he vuelto yo sola de visita. Mi madre no pudo venir.

La señora Stevens pone cara de decepción. Era su mejor amiga y cuando pasó todo lo de su padre intentó estar allí, pero no supo manejar la situación.

-¿Y a ti? ¿Cómo te ha ido todo?

-No puedo quejarme. Terminé bachillerato y ahora estoy en la univ…

De repente el móvil de la señora Stevens empieza a sonar y haciendo una mueca de disculpa, se aleja un poco y lo coge. Le ha alegrado verla y por un lado siente alivio de que no fuera alguna de sus amigas o Adam, pero por otro lado… Le hubiera encantado poder abrazarlas y dejar de estar nerviosa por el momento en que se van a encontrar.

-Oh disculpa, era de trabajo y debo de irme, mi paseo ya se ha alargado demasiado- Dice entre una sonrisa poco profunda.

-Si, no se preocupe.

La abraza, pero esta vez más suave.

-Katherine se alegrará mucho de saber que has vuelto. Te ha echado mucho de menos.

-Y yo a ella señora Stevens.

-El sábado hay una fiesta en el local de Peter, ahora está justo en el paseo marítimo, al lado del peñón. Va a ir mucha gente y seguro que Katherine asistirá. ¿Por qué no vas y le das una sorpresa? Le va a encantar.

-Bueno, tengo que pensármelo. Todavía no me he instalado del todo y tengo muchas cosas que hacer.

La señora Stevens le dedica una última sonrisa y le da un beso en la mejilla. Se aleja poco a poco, pero de repente se gira.

-Ale, si hablas con tu madre… Por favor dile que lo siento por todo. No quise hacerle daño.

-Se lo diré señora Stevens.

Y con ésta última frase y los recuerdos de todo el pasado doloroso volviendo, se despiden.


Capítulo II

Escrito por Leeisabeel 30-07-2014 en amor. Comentarios (0)

Actualmente.

-¿Te alegras de volver?

-Sí tía Alice, aunque todo está muy cambiado.

Mira a su alrededor. La casa de sus tíos siempre le ha gustado mucho. Está decorada con muebles muy antiguos y el suelo de madera le da un toque especial. A su tía siempre le ha gustado mucho la pintura y la fotografía, por eso en toda su casa tiene cuadros y fotos. Ale mira las de una estantería. Sale en una de ellas. Está con su padre en el río pescando y con una gran sonrisa. ¿Cuántos años tendría? ¿Seis? o ¿siete? Le echa de menos. Como le gustaría contarle todo lo que ha pasado en estos dos últimos años y las ganas que tenía de volver. Le encanta esta ciudad.

-¿Y tu madre cómo se encuentra?

-Bien. Intentando centrarse en su trabajo y haciendo muchos proyectos. Espero que decida volver pronto.

Ale y su tía se sientan en el sofá del salón. Hacía mucho tiempo que no se veían y sabía que le preguntaría muchas cosas, pero hoy no era su día. Acababa de volver y aunque le apetecía mucho ir a ver a sus amigos, también le daba miedo. No sabía cómo iban a reaccionar, ni si le perdonarían el irse sin despedirse y además sin avisar. Desde la muerte de su padre ha intentado evitar hablar de él. Su madre apenas estaba en casa y cuando coincidían las dos, apenas hablaban.

En su nueva ciudad nadie la conocía y eso le gustaba. Tenía la sensación de que podía ser cualquier persona y olvidar todo lo que había pasado. Al principio fue bien, eso no podía negarlo, pero no podía evitar echar de menos todo y sobre todo, quería respuestas. No había olvidado aquél día, ni siquiera toda la investigación. Había sido muy duro. Durante estos dos años tenía la sensación de que algo se le pasaba, de que habría alguna prueba con la que se pudiera reabrir el caso de su padre. Sabía que a más de 600 kilómetros no la encontraría y también sabía que su casa le daría una respuesta.

-¿Y tú? ¿Cómo estás?- Su tía le interrumpe los pensamientos.

-No es que esté bien del todo, pero he aprendido a sobrevivir con ello. Perdona tía, estoy algo cansada del viaje. ¿Te importa si me acuesto un poco hasta la cena?- La verdad que no estaba cansada, pero sabía que no sería capaz de soportar todas las preguntas que le iba a hacer.

-Claro cielo, estás en tu casa. Te he preparado el cuarto de invitados de arriba. Tu tío y yo dormimos aquí abajo asique tienes toda la planta de arriba a tu disposición. El cuarto de baño está…

-A la derecha tía Alice, no lo he olvidado. Muchas gracias por acogerme.- Le da un beso y le dedica una sonrisa.

Se dirige a la planta de arriba con su maleta y su mochila. Entra al dormitorio. Le encantaba de pequeña ese cuarto. Aunque es pequeño, tiene un sofá al lado de un gran ventanal, justo en frente de la puerta. A la derecha, se encuentra una cama con una colcha de pequeñas flores y a su lado una mesita de noche con una foto. Se acerca para verla. Son sus padres cuando eran jóvenes. Su madre lleva un vestido largo blanco con unas sandalias y el pelo suelto, su padre más informal, camiseta y pantalones pesqueros con unas deportivas. Se ven realmente felices y eso hace que el corazón le de un vuelco. Ya nunca volverán a estar así y quiere saber quién fue capaz de arrebatar su felicidad y la de sus padres.